Un pincel No. 3, un tango de origen porteño,
la ruta de una calle entre los árboles,
un otoño que se asimila al sonido de los tacones
y la voz de un cantante, las noches entre licores azules,
refrescantes al tacto del amante.
Colores altos, colores bajos, colores agudos que muerden
los tímpanos del sordo caminante;
callejones oscuros con lienzos al olor de azahares,
que triste vida llevas en los mares;
alondras despiertan los pequeños dedos de tus pies
en la madrugada donde se acaba tu aire;
y llegan las gaviotas plateadas listas
con su robusto pico para acechar su carnada,
te miran, observan tu caminar
y desconfiadas de tu andar
sus alas han de despegar.
Tu pluma ya no escribe más,
la han robado las aves del mar,
el triste recuerdo de un amor que jamás llegará.
lunes, 8 de febrero de 2010
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