Desperté, era de noche y no de día,
la luz de mi alcoba no era blanca,
era oscura y tardía.
Mis zapatos eran derecho e izquierdo
mi ropa no estaba al derecho.
Mi padre era mi madre y mi madre era mi padre.
Al ir por un vaso de agua noté algo diferente,
el agua subía mientras yo bajaba.
Las gotas salían del vaso hacia la nada
y mi resaca aún no se calmaba.
Las calles eran diferentes
y la gente caminaba de cabeza
los pájaros nadaban y los peces del mar
cazaban a las alondras,
a las gaviotas, a las águilas y a mi hermana.
Todo es tan diferente.
Ya han pasado dos otoños de hielo,
tres veranos de frío,
un invierno de playa
y estamos en la primavera de hojas secas.
Llueve patas arriba y los libros se leen con espejo.
Mis pinceles son de cuero
y los oleos huelen a excremento.
El lienzo esta velado,
la cámara no obtura sonrisas ni carcajadas,
los nevados y los desiertos tienen flores
y mi cama esta ordenada.
El girasol ya no caza mi guitarra,
ahora es quietaluna y la dibujo
en mi armónica desorientada.
El tango es feliz y el bandoneón
me regala timbres de flauta,
los violines son de papel silueta,
el piano es de metal... el piano es de metal.
Las mañanas son demoradas
y la noche es temprana.
Mis lagrimas van del centro de la tierra
al manto que cubre el firmamento.
Se me olvidó llorar.
El silencio ya no se corta
por el aleteo de las palomas,
la plaza está de moda.
La moda no es rutina.
La rutina no es vida.
La vida ya no es vida.
La luna está en negativo
ahora la tengo cerca y le puedo dar mordiscos.
Los físicos están locos
y aún creen que el aire es de otro.
Ya no respiras aire amor mío.
Y yo, con este mal de retina,
con este surrealismo que ahora tiene timbre de naturalismo,
con este afán de letras entre el espejo
y la mancha blanca... el papel de negro;
ahora en este velorio que parece nacimiento
te digo que tú estas cerca mientras yo estoy lejos.
viernes, 26 de febrero de 2010
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