miércoles, 24 de febrero de 2010

24 de febrero de 2010

Sólo me quedan tres acordes mas para terminar el compás de un tango. Mi armónica está exhausta y ya no encuentra que hacer, hasta el momento ha explotado todo lo que de ella y de mis labios podía saltar. Al caer reímos por mas de tres minutos, y es que su sonrisa se refleja en su cuerpo de metal, mientras, mis ojos como dos diafragmas obturan el momento exacto en donde ella me dice amor. ¿Amor?, ¿qué es eso? ¿tiene pies?, ¿puede verme?, ¿es saber?, ¿preguntar?... quizás es morir, hay que morir para saber que alguna vez se estuvo vivo. Una vez creí amar a una de esas que limpian chimeneas, pero se quemo en la hoguera y yo reí, sonreí. Otra vez pasé por el hambre y me recosté en la alfombra para tomar una siesta, mientras dormía entendí que amo soñar, y pintar, y las teclas del piano que suenan como a golpe de cuchara en vaso de cristal. Ahora mi cama tiene un manto naranja y ya sé que ISO 1600 me caga la foto. Me gustaría tocar ese saxofón de madera, lo que más me gusta del saxofón no es su influencia con el jazz, ni su cobre (en este caso madera), ni sus lagrimas de tiza azul, o de oleo amarillo, ¿acrílico café?. Mi abuelo me compraba los dibujos que hacía de pequeño, con eso compraba dulces, siempre amé a los dulces; ahora amo a un tarro enorme de nucita que venden en La Candelaria. Amo el reflejo del agua en la ciudad, más cuando en ella se refleja un edificio dentro de otro, o alguien hablando por celular, no me gusta verme en el reflejo del agua. Amo los rayos y culebras del circo beat, y quiero visitarlo en una noche llena. Amo el piano de mi hermano, y mi hermano el piano; también amo la rumba del piano, y la pianola de azul, y mejor si está de verde. Me gusta el cigarrillo y los pinceles y aveces mezclo los dos, otras veces uso café, y para mí los pasteles son otro tipo de comida, no son dulces y saben a tiza de flor. Amo escuchar ese vals, y ese blues, y ese jazz, y el piano de Chopin y la voz de mi papá.

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