Desperté, era de noche y no de día,
la luz de mi alcoba no era blanca,
era oscura y tardía.
Mis zapatos eran derecho e izquierdo
mi ropa no estaba al derecho.
Mi padre era mi madre y mi madre era mi padre.
Al ir por un vaso de agua noté algo diferente,
el agua subía mientras yo bajaba.
Las gotas salían del vaso hacia la nada
y mi resaca aún no se calmaba.
Las calles eran diferentes
y la gente caminaba de cabeza
los pájaros nadaban y los peces del mar
cazaban a las alondras,
a las gaviotas, a las águilas y a mi hermana.
Todo es tan diferente.
Ya han pasado dos otoños de hielo,
tres veranos de frío,
un invierno de playa
y estamos en la primavera de hojas secas.
Llueve patas arriba y los libros se leen con espejo.
Mis pinceles son de cuero
y los oleos huelen a excremento.
El lienzo esta velado,
la cámara no obtura sonrisas ni carcajadas,
los nevados y los desiertos tienen flores
y mi cama esta ordenada.
El girasol ya no caza mi guitarra,
ahora es quietaluna y la dibujo
en mi armónica desorientada.
El tango es feliz y el bandoneón
me regala timbres de flauta,
los violines son de papel silueta,
el piano es de metal... el piano es de metal.
Las mañanas son demoradas
y la noche es temprana.
Mis lagrimas van del centro de la tierra
al manto que cubre el firmamento.
Se me olvidó llorar.
El silencio ya no se corta
por el aleteo de las palomas,
la plaza está de moda.
La moda no es rutina.
La rutina no es vida.
La vida ya no es vida.
La luna está en negativo
ahora la tengo cerca y le puedo dar mordiscos.
Los físicos están locos
y aún creen que el aire es de otro.
Ya no respiras aire amor mío.
Y yo, con este mal de retina,
con este surrealismo que ahora tiene timbre de naturalismo,
con este afán de letras entre el espejo
y la mancha blanca... el papel de negro;
ahora en este velorio que parece nacimiento
te digo que tú estas cerca mientras yo estoy lejos.
viernes, 26 de febrero de 2010
miércoles, 24 de febrero de 2010
24 de febrero de 2010
Sólo me quedan tres acordes mas para terminar el compás de un tango. Mi armónica está exhausta y ya no encuentra que hacer, hasta el momento ha explotado todo lo que de ella y de mis labios podía saltar. Al caer reímos por mas de tres minutos, y es que su sonrisa se refleja en su cuerpo de metal, mientras, mis ojos como dos diafragmas obturan el momento exacto en donde ella me dice amor. ¿Amor?, ¿qué es eso? ¿tiene pies?, ¿puede verme?, ¿es saber?, ¿preguntar?... quizás es morir, hay que morir para saber que alguna vez se estuvo vivo. Una vez creí amar a una de esas que limpian chimeneas, pero se quemo en la hoguera y yo reí, sonreí. Otra vez pasé por el hambre y me recosté en la alfombra para tomar una siesta, mientras dormía entendí que amo soñar, y pintar, y las teclas del piano que suenan como a golpe de cuchara en vaso de cristal. Ahora mi cama tiene un manto naranja y ya sé que ISO 1600 me caga la foto. Me gustaría tocar ese saxofón de madera, lo que más me gusta del saxofón no es su influencia con el jazz, ni su cobre (en este caso madera), ni sus lagrimas de tiza azul, o de oleo amarillo, ¿acrílico café?. Mi abuelo me compraba los dibujos que hacía de pequeño, con eso compraba dulces, siempre amé a los dulces; ahora amo a un tarro enorme de nucita que venden en La Candelaria. Amo el reflejo del agua en la ciudad, más cuando en ella se refleja un edificio dentro de otro, o alguien hablando por celular, no me gusta verme en el reflejo del agua. Amo los rayos y culebras del circo beat, y quiero visitarlo en una noche llena. Amo el piano de mi hermano, y mi hermano el piano; también amo la rumba del piano, y la pianola de azul, y mejor si está de verde. Me gusta el cigarrillo y los pinceles y aveces mezclo los dos, otras veces uso café, y para mí los pasteles son otro tipo de comida, no son dulces y saben a tiza de flor. Amo escuchar ese vals, y ese blues, y ese jazz, y el piano de Chopin y la voz de mi papá.
lunes, 8 de febrero de 2010
Mi nombre
Mi nombre no lo sé,
tal vez en mi cuerpo este marcado el nombre de un ser,
pero eso jamás lo he de saber...
Supongo que mi nombre es el de un caminante,
el cual va por las calles creyendo ser cantante;
o tal vez sea el de un artista,
quien silba acordes de un pianista;
o solo sea el de un torpe expresionista.
Mi nombre tal vez se lo llevaron las olas,
las gaviotas y las alondras
que vuelan por el mar lleno de espuma y de brisa,
de arena... aquella arena en que grabé un día mi nombre,
pero que otro día una ola borró mis letras..
Tal vez puedas encontrar mi nombre en las cavernas,
tal vez puedas encontrarlo en el altillo de tu casa,
en el revés de un libro,
o en un café con cardamomo servido en taza.
Tal vez lo encuentres en un ser mal herido
o tal vez lo encuentres en el olvido...
tal vez en mi cuerpo este marcado el nombre de un ser,
pero eso jamás lo he de saber...
Supongo que mi nombre es el de un caminante,
el cual va por las calles creyendo ser cantante;
o tal vez sea el de un artista,
quien silba acordes de un pianista;
o solo sea el de un torpe expresionista.
Mi nombre tal vez se lo llevaron las olas,
las gaviotas y las alondras
que vuelan por el mar lleno de espuma y de brisa,
de arena... aquella arena en que grabé un día mi nombre,
pero que otro día una ola borró mis letras..
Tal vez puedas encontrar mi nombre en las cavernas,
tal vez puedas encontrarlo en el altillo de tu casa,
en el revés de un libro,
o en un café con cardamomo servido en taza.
Tal vez lo encuentres en un ser mal herido
o tal vez lo encuentres en el olvido...
Pincel, pelo de lobo
Un pincel No. 3, un tango de origen porteño,
la ruta de una calle entre los árboles,
un otoño que se asimila al sonido de los tacones
y la voz de un cantante, las noches entre licores azules,
refrescantes al tacto del amante.
Colores altos, colores bajos, colores agudos que muerden
los tímpanos del sordo caminante;
callejones oscuros con lienzos al olor de azahares,
que triste vida llevas en los mares;
alondras despiertan los pequeños dedos de tus pies
en la madrugada donde se acaba tu aire;
y llegan las gaviotas plateadas listas
con su robusto pico para acechar su carnada,
te miran, observan tu caminar
y desconfiadas de tu andar
sus alas han de despegar.
Tu pluma ya no escribe más,
la han robado las aves del mar,
el triste recuerdo de un amor que jamás llegará.
la ruta de una calle entre los árboles,
un otoño que se asimila al sonido de los tacones
y la voz de un cantante, las noches entre licores azules,
refrescantes al tacto del amante.
Colores altos, colores bajos, colores agudos que muerden
los tímpanos del sordo caminante;
callejones oscuros con lienzos al olor de azahares,
que triste vida llevas en los mares;
alondras despiertan los pequeños dedos de tus pies
en la madrugada donde se acaba tu aire;
y llegan las gaviotas plateadas listas
con su robusto pico para acechar su carnada,
te miran, observan tu caminar
y desconfiadas de tu andar
sus alas han de despegar.
Tu pluma ya no escribe más,
la han robado las aves del mar,
el triste recuerdo de un amor que jamás llegará.
Entre Pérez y Velasquez. (Por Sergio Velasquez y Andrés Pérez)
-Entre la voz de Neruda y los acordes de Piazzolla.
-Entre los oleos de Picasso y la delicadeza de Debbusy.
-Entre el piano de Chopin, y las Meninas de Velázquez.
-Entre los retazos de Monet, y la extravagancia de Mhaler.
-Entre las gafas de Ray Charles y los cuadriculados de Mondrian.
-Entre los verdes plateados de Kandisky y los pentagramas de Bach.
-Entre el cambalache de Gardel y los amarillos de Basquiat.
-Entre los pensamientos de Pérez, y la imaginación de Velasquez.
-Entre dos hermanos que tienen el mismo nombre en diferentes frases.
-Entre los oleos de Picasso y la delicadeza de Debbusy.
-Entre el piano de Chopin, y las Meninas de Velázquez.
-Entre los retazos de Monet, y la extravagancia de Mhaler.
-Entre las gafas de Ray Charles y los cuadriculados de Mondrian.
-Entre los verdes plateados de Kandisky y los pentagramas de Bach.
-Entre el cambalache de Gardel y los amarillos de Basquiat.
-Entre los pensamientos de Pérez, y la imaginación de Velasquez.
-Entre dos hermanos que tienen el mismo nombre en diferentes frases.
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