Se perdió el traste de la guitarra.
Guitarra de niño pequeño,
susurraban las ancianas.
Pasaba a marzo cuando el febrero era cerril,
el silencio de las mariposas
lo callaban el revoloteo de sus alas azules,
¡Do!, Do gritaban las que movían hojas secas
del árbol al pasar... al volar
al escuchar los ocres cantar.
Pasaba de abril cuando era mayo,
el traste de guitarra era más parecido
al traste de Ukulele,
Ukulele con dos nombres sin apellido.
Su amiga, "mezcla rara" de belladonas y margaritas
en primavera con acento en otoño,
hojarasca de amarillos en la nevera
y las calles con su sonrisa
me gritaban que era toda belleza.
Mujer de abrazos con aroma de alegría,
el traste se perdió en mis dedos,
en las notas de un blues desafinado,
un jazz egocéntrico,
o un clásico narcisista.
Quizá se perdieron en las manos,
en las uñas, en las notas de aire
con figuritas de corcheas coloridas.
El traste se perdió en el cariño
de un chico con sonrisa desprevenida.
Búscalo mujer,
que la mano izquierda de tu chico te espera.
sábado, 4 de septiembre de 2010
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